Publicidad
Think Tank

PISA 2025 en México: la historia que los medios de comunicación no contaron

Por Susana López Guerra y Marcelo Flores Chávez / Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro*

Existe en la prensa mexicana un oportunismo notable en la cobertura de los resultados PISA 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026. Los titulares nacionales insisten en los «puntajes bajos» y el «descenso del rendimiento» de los estudiantes de 15 años en México (véase la nota publicada por el periódico La Jornada). La narrativa periodística centrada en el fracaso ignora un logro estructural: el sistema educativo creció y el porcentaje de ingreso a la secundaria se incrementó más que el porcentaje de crecimiento de la población. Los informes publicados por la OCDE sobre PISA muestran que el sistema educativo mexicano no se deterioró a pesar de la expansión hacia la población históricamente marginada.

En este artículo comparamos los resultados PISA 2025 (particularmente la sección dedicada a México) y el video de Andreas Schleicher (Director de Educación y Competencias de la OCDE) con el discurso que dominó en la prensa mexicana e identificamos su sesgo político; actitud que aquí calificamos de oportunismo mediático sobre cómo se lee —y se politiza— la evidencia educativa en México.

La narrativa del fracaso que no fue

La nota publicada por La Jornada el 8 de septiembre de 2026 es paradigmática. Bajo el titular «En México, los alumnos de 15 años mantienen puntajes bajos en ciencia, matemáticas y lectura», los primeros párrafos dan un diagnóstico desolador que, sin embargo, contrasta con los párrafos finales. Allí, en un texto confuso, encontramos lo que al periódico no le resulta trascendente:

«Sin embargo, destaca que esto se debe, en parte, a la ‘incorporación al sistema escolar de más jóvenes de 15 años provenientes de poblaciones marginadas’, a lo que se suma que los puntajes de alumnos con mayores desventajas socioeconómicas, ‘disminuyeron menos de lo que sugieren las comparaciones simples de las puntuaciones medias a lo largo del tiempo’.»

Pero lo que dice es claro: México incluyó más estudiantes de sectores pobres sin que los puntajes generales cayeran proporcionalmente. Así lo expresó Schleicher en su video:

«En un momento en que muchos sistemas educativos en todo el mundo han visto disminuir los resultados del aprendizaje, México ha mostrado resiliencia». OCDE (2026). La educación en México muestra resiliencia | PISA 2025.

El dato central —la brecha de equidad no se amplió mientras el sistema se expandía— queda oculto en el supuesto lenguaje técnico del informe. La prensa internacional y mexicana –no sólo La Jornada– se quedó en el lenguaje de lo incompleto, «la deficiencia»: los puntajes, dicen ellos, «mantienen» niveles bajos, pero tras las comparaciones simples con promedios OCDE ignoran y ocultan contextos radicalmente distintos; mientras muchos países de la OCDE cayeron en sus puntajes, México se mantuvo estable a pesar de la expansión del sistema.

La Jornada no mintió en la información que proporcionó, pero sí amplificó el sesgo. Los datos PISA 2025 de México muestran que entre 2015 y 2025, el número de estudiantes de 15 años elegibles para la prueba creció más rápido que la población total del país. Eso significa que el sistema educativo mexicano llegó a más jóvenes, incluyendo más jóvenes de poblaciones marginadas. Y en ese contexto de expansión, el rendimiento en ciencias se mantuvo estable; en lectura mostró relativa estabilidad; y el dato realmente más alarmante es que cayó en matemáticas.

Esto fue lo que no se preguntaron los reporteros: ¿a cuántos otros países les pasó lo opuesto? ¿cuántos mantuvieron o incluso redujeron matrícula para proteger puntajes? El informe general de PISA 2025 afirma que el promedio OCDE en ciencias cayó modestamente entre 2015 y 2025, pero México —siendo miembro OCDE— mantuvo la estabilidad en ciencias a pesar de expandir significativamente su cobertura educativa hacia poblaciones marginadas.

Los datos realmente preocupantes se dan en matemáticas y lectura (PISA 2025 Results (Volume I): Mexico). En comparación con 2015, los resultados en matemáticas presentaron un descenso de 13 puntos porcentuales. También están por debajo de los observados entre el 2009, 2018 y 2022.

La prensa reportó correctamente los descensos, pero no advirtió que esto ocurrió mientras se daba cobertura educativa a más estudiantes pobres, ni comparó las cifras de otros países de la OCDE, donde los descensos de nivel fueron mayores, ni se preguntó si en esos otros países el sistema educativo también se expandió. Y lo que resulta más trascendente, no se reportó que la brecha de equidad no se amplió a pesar de estos descensos educativos. Claro, lo «bajo» es «malo» pero ¿es un fracaso que aumente la proporción de bajo rendimiento en matemáticas (13 puntos porcentuales) cuando simultáneamente el sistema educativo expandió significativamente su cobertura hacia poblaciones marginadas?

Una explicación crítica que los medios omitieron por completo es que la generación de los jóvenes que presentaron PISA 2025 tenían 10 y 11 años cuando la pandemia interrumpió la educación entre 2020 y 2021. Para niños de esa edad, las matemáticas exigen construcción secuencial, los conceptos fundamentales son esenciales para el aprendizaje posterior. México enfrentó esa pandemia sin los recursos que países ricos movilizaron: no hubo educación en línea generalizada para poblaciones pobres, ni acceso masivo a dispositivos. Los estudiantes que hoy muestran bajo rendimiento en matemáticas perdieron los cimientos elementales en la disciplina más vulnerable a las interrupciones. Son aquellos a quienes el artículo reconoce que el sistema incorporó, y a quienes la pandemia golpeó sin clemencia. Una hipótesis que los medios no formularon, es que el descenso en matemáticas es el resultado de una interrupción del proceso educativo en una población ya históricamente desprotegida.

La prensa acierta en anunciar el «hecho» del descenso, pero el acierto deforma u oculta la realidad que hay tras el dato.

México no sacrificó la equidad

La prueba PISA de 2025 la presentaron 7 mil 843 estudiantes mexicanos de 297 escuelas. Esta cifra supera la participación que se dio en las anteriores versiones (2022, 2018 y 2015).

En la prueba de 2025 participaron 6% más de escuelas y 24.7% más de alumnos en comparación con la prueba de 2022.

Si comparamos las pruebas de 2015 y 2025, la cantidad de jóvenes elegibles para participar en PISA creció más rápido que la población total de 15 años, lo que significa una expansión del sistema; participaron más estudiantes indígenas, de zonas rurales y de familias con menores ingresos.

El dato más significativo del informe en la sección dedicada a México, es que la brecha de desempeño entre los estudiantes más y menos aventajados (en términos socioeconómicos) no se amplió . En 2025, la distancia entre el cuartil superior y el inferior de estatus socioeconómico en México fue de 68 puntos en ciencias. Eso es menor que el promedio OCDE (85 puntos). Entre 2015 y 2025, esa diferencia en ciencias se mantuvo estable, mientras que en otros países OCDE se amplió o se redujo, pero la variabilidad fue considerablemente mayor que en México.

Aunque en promedio la brecha en los países de la OCDE se redujo, en México se mantuvo estable pese al crecimiento del sistema. El propio Schleicher dice: «Normalmente, cuando los sistemas educativos se expanden, existe el riesgo de que las desigualdades aumenten o que los resultados promedio disminuyan. Pero esa no es la historia que hemos visto en México» OCDE (2026). La educación en México muestra resiliencia | PISA 2025.

¿Cómo se explica? La información indica factores estructurales que los medios de comunicación no exploraron.

Distribución de docentes. Según PISA 2025, en México, 29% de estudiantes estaban en escuelas donde directores reportaron falta de maestros (promedio OCDE: 39%). Las diferencias en disponibilidad de personal entre escuelas favorecidas y desfavorecidas fueron menos pronunciadas que el promedio de los países de la OCDE. Es decir, México tiene un problema real y grave de escasez de docentes, pero lo distribuyó de forma más equitativa que otros sistemas.

Segregación social escolar. Según PISA 2025, las escuelas mexicanas presentan menores niveles de segregación social que muchos sistemas educativos de países desarrollados. Estudiantes de distintos orígenes socioeconómicos comparten espacios educativos con mayor frecuencia en México que en algunos sistemas con mejor desempeño en pruebas estandarizadas. Esto importa porque, como dice Schleicher, una de las cosas más poderosas que puede hacer una escuela es reunir a jóvenes de diferentes orígenes para que aprendan unos con otros, se comprendan y descubran que el talento se distribuye de manera mucho más equitativa que las oportunidades.

Relación maestro-estudiante. En México, 81% de estudiantes reportan que el maestro muestra interés en su aprendizaje (promedio OCDE: 69%). El 77% reporta que el maestro continúa enseñando hasta que entienden (promedio OCDE: 66%). El 83% reporta que reciben ayuda extra cuando la necesitan (promedio OCDE: 73%). Es la relación maestro-estudiante la que también explica por qué México mantuvo estabilidad a pesar de la expansión.

Hábitos de los estudiantes. El 80% de estudiantes mexicanos reporta curiosidad en distintas áreas del conocimiento (promedio OCDE: 73%). El 66% reporta que dedican un mayor esfuerzo cuando el trabajo es difícil (promedio OCDE: 60%). Y finalmente, el 82% reporta que piden ayuda a sus maestros cuando no entienden algo, mientras que el 86% pide ayuda a compañeros.

Según Schleicher, estas son habilidades interpersonales que trascienden el currículo escolar y son «la moneda fuerte del futuro». En el mundo donde la inteligencia artificial puede darte una respuesta en segundos, la ventaja no está en aquellos que simplemente saben más, «sino en los que siguen haciendo las preguntas correctas, que persisten cuando la respuesta no es obvia, que saben cómo aprender y que saben cuándo pedir ayuda a otros.»

¿Resultado? Mientras el sistema se expandía, la composición de la población estudiantil cambió (más estudiantes desfavorecidos), pero los mecanismos de relación educativa, equidad de recursos y densidad de interacción mantuvieron relativamente estable la calidad. Es por eso que no se puede hablar de estancamiento sin mediar reflexión.

El oportunismo de los medios

Durante el régimen prianista (2000-2018) la prensa ligada al régimen neoliberal abordaba PISA como herramienta de modernidad, competitividad global y rendición de cuentas. Los «desafíos pendientes» que PISA revelaba se atribuían al corporativismo sindical, nunca a deficiencias de política pública. PISA era un estándar indiscutible de buena gobernanza educativa.

En 2018 triunfa en México el proyecto de bienestar para las grandes mayorías, cuyo objetivo era disminuir la brecha de desigualdad social incrementada durante los treinta y seis años de neoliberalismo; en 2020-2021 el país enfrentó la pandemia sin los recursos tecnológicos de los países más ricos y hoy los mismos datos que los medios leían como «desafíos técnicos a resolver» ahora se interpretan como «fracaso del gobierno». La resiliencia educativa que demuestra México —estabilidad en ciencias, equidad mantenida durante expansión— desaparecen de la narrativa, reemplazada por el énfasis en caídas en matemáticas y lectura.

Esta selectividad responde simultáneamente a lógicas políticas y comerciales que se refuerzan mutuamente. En un contexto de gobierno cuestionado, la narrativa de «crisis educativa» se vende mejor; pero a la inversa, la lógica periodística de que «lo negativo genera más circulación» permite que el sesgo político se amplíe sin cuestionamiento. En la cobertura periodística de PISA, los medios privilegian el titular que dramatiza («puntajes bajos», «descenso del rendimiento») porque esa narrativa genera mayor circulación que historias complejas, que un sistema educativo puede expandirse hacia poblaciones pobres sin que se deterioren proporcionalmente sus mecanismos de equidad. Lo equilibrado o matizado parece menos rentable mediáticamente y se puede vender mejor políticamente.

Hacia una lectura más equilibrada de los resultados

Existe una contradicción notable en cómo se lee PISA en México según el público político. Desde hace una década, la izquierda mexicana (y académicos con esa orientación) han cuestionado legítimamente no la existencia de PISA como instrumento, sino su uso sesgado: su empleo como herramienta de presión contra el sindicalismo, su instrumentalización a favor de una noción estrecha de «calidad» que ignora contextos de pobreza extrema, y su funcionalidad como justificación de evaluaciones docentes con fines de control laboral antes que de mejora educativa.

Esos cuestionamientos sobre el uso político de PISA no son infundados. La Internacional de la Educación (en su comentario sobre PISA 2025) subraya que «la IA se vende como solución mágica cuando lo que se necesita es financiamiento público para escuelas pequeñas con maestros bien respaldados». Por otra parte, Schleicher identifica habilidades interpersonales —curiosidad, persistencia, capacidad de pedir ayuda— como «la moneda fuerte del futuro» en un mundo con IA. Ambas posiciones no son contradictorias: reconocen que la tecnología requiere diseño cuidadoso y que el recurso fundamental sigue siendo la relación educativa entre humanos.

En el caso de México, PISA proporciona información útil sobre resiliencia educativa estructural —cómo mantener equidad durante expansión— precisamente porque es capaz de documentar esos mecanismos cuando el sistema los implementa correctamente.

El aumento en la proporción de bajo rendimiento en matemáticas (13 puntos porcentuales) es un dato preocupante que requiere atención urgente. Sin embargo, entender que esto ocurrió simultáneamente con una expansión significativa de cobertura hacia poblaciones marginadas es esencial para diagnosticar correctamente dónde está el problema: no en la incompetencia estudiantil, sino en la capacidad insuficiente del sistema para enseñar matemáticas a una población más grande y más diversa. La solución no es reducir cobertura, sino mejorar la pedagogía de matemáticas en contextos de recursos limitados.

La inequidad estructural no desaparece en una generación. Sin embargo, que el sistema no empeore relativamente mientras se expande es un logro que merece ser nombrado junto con los desafíos que persisten.

Eso requiere una lectura de PISA 2025 que reconozca tanto crisis como logros. Una que, como Schleicher sugiere, entienda que «la escuela de México de hoy será la economía de México de mañana, dependerá de su capacidad de innovar, su capacidad de prosperar y, en última instancia, de la fortaleza de su sociedad.»

Nota: Todos los datos porcentuales sobre relación maestro-estudiante, actitudes estudiantiles y distribución de docentes provienen del informe oficial PISA 2025 Results (Volume I): Mexico.

* Publicado originalmente en la revista electrónica de pedagogía Odiseo.

Publicidad
UPDATE ME EN TELEGRAM
Las noticias que necesitas, directo en tu celular.
Alertas Clima Seguridad Movilidad
ÚNETE GRATIS →
@updateme_news
Publicidad
UPDATE ME EN TELEGRAM
Las noticias que necesitas, directo en tu celular.
Alertas Clima Seguridad Movilidad
ÚNETE GRATIS →
@updateme_news