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Entre drones y reclutamiento, Vorónezh vive la guerra a distancia

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Antes de partir hacia el frente en Ucrania, un joven de 19 años conocido como “Shaman” exhibe un dron en un centro comercial de Vorónezh, uno de los dispositivos que se han vuelto habituales en el conflicto y que también han transformado la vida cotidiana en esta ciudad del sur de Rusia.

Con el rostro cubierto por un pasamontañas, asegura que su intención es “defender” a su país, que lanzó una ofensiva a gran escala contra Ucrania hace casi cuatro años.

Vorónezh, ubicada a unos 500 kilómetros al sur de Moscú, se encuentra más cerca del frente oriental que de la capital rusa. En los últimos meses, los ataques con drones atribuidos a Ucrania y las campañas de reclutamiento militar han modificado el ambiente en esta ciudad de un millón de habitantes.

Shaman, que utiliza un nombre de guerra, atiende un puesto del “Club Militar-Deportivo Cosaco Berkut” antes de marcharse. Afirma que no busca necesariamente convencer a adolescentes de enlistarse. “Cada uno elige su propio camino”, señala, y se describe como “patriota”.

El término ha adquirido un peso político desde el inicio de la ofensiva. Se emplea para elogiar a soldados y a quienes respaldan públicamente al presidente Vladimir Putin.

El paisaje urbano también refleja el conflicto. En carreteras cubiertas de nieve se observan sistemas antiaéreos ocultos bajo redes de camuflaje. En el centro, murales honran a soldados caídos y carteles invitan a unirse al ejército.

Un centro de reclutamiento ofrece un pago único de 2.5 millones de rublos —equivalente a unos 32,500 dólares— a quienes se alisten, cifra cercana a tres años del salario promedio regional. Según el exmandatario Dmitri Medvédev, en 2024 se incorporaron 422,000 personas al ejército, 6% menos que el año anterior.

Mientras tanto, Liudmila, de 64 años, espera noticias de su hijo, desaparecido en combate desde hace cuatro meses. “Es muy duro. Tengo esperanza, porque sin esperanza…”, dice sin concluir la frase. Desconoce si fue capturado o murió.

Foto: TATYANA MAKEYEVA / AFP

Rusia no publica cifras oficiales de bajas. La BBC y el medio independiente Mediazona han identificado al menos 168,000 soldados rusos fallecidos desde el inicio de la ofensiva, a partir de obituarios y reportes familiares.

Para sobrellevar la incertidumbre, Liudmila colabora como voluntaria en la confección de redes de camuflaje para soldados.

Roman, conductor de tractor de 48 años, descarta enlistarse pese a los incentivos económicos. Prefiere pasar el tiempo pescando en un río congelado para distraerse del sonido de las sirenas y explosiones. “Me despierto más a menudo por las explosiones. Tenemos sirenas todos los días. Es aterrador”, relata.

Mientras Moscú mantiene bombardeos sobre Ucrania, que han afectado infraestructura energética y dejado a miles sin calefacción, Kiev ha respondido con ataques con drones contra territorio ruso, dirigidos principalmente a instalaciones energéticas y portuarias. El mes pasado, una persona murió en un ataque en Vorónezh.

La región, que limita con zonas ucranianas bajo control ruso, figura entre las más atacadas desde el aire, según la comisionada rusa para los derechos humanos, Tatiana Moskalkova.

En contraste con la propaganda militar, pequeños gestos disidentes han aparecido en la ciudad. Un artista de 28 años, conocido como Noi, colocó placas de cerámica con mensajes de paz inspirados en la iconografía soviética. Varias fueron retiradas, salvo una que permanece en la calle llamada precisamente Paz.

El activismo antibélico está prohibido en Rusia. Aun así, la guerra sigue marcando el ritmo de Vorónezh, entre reclutamientos, explosiones y mensajes que buscan recordar que el conflicto también tiene un costo humano.

Con información de AFP

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