Paridad, patadas y pleitos: la temporada electoral arranca
Antes de entrar en el fango de nuestras desgracias públicas, permítame el lector desearle un próspero año nuevo. Ojalá que este ciclo le traiga salud, dinero y, sobre todo, una paciencia de santo, porque a juzgar por cómo se están moviendo las piezas en el tablero queretano, la vamos a necesitar. Empezamos enero con la misma esperanza de siempre y los mismos políticos de nunca, pero como dicen por ahí: “Año nuevo, vida nueva… y los mismos errores de siempre”.
La Carambola de la Paridad
Apenas asomó la nariz el proyecto de reforma electoral en Querétaro, y en el Instituto local ya empezaron las funciones de circo. Los consejeros, con una agilidad digna de mejores causas, se han puesto a hacer malabares explicativos que, lejos de aclarar el panorama, lo dejan a uno con la sospecha de que nos están vendiendo gato por liebre.
El nudo de la comedia es el siguiente: se supone que la famosa paridad dinámica para la gubernatura debería esperar pacientemente hasta el 2033 Así lo dicen, muy serios, el artículo séptimo y los transitorios de septiembre del 2024 de la Constitución del Estado. Sin embargo, en el nuevo proyecto de reforma, el artículo 160 bis padece de una amnesia sospechosa: no dice ni “cuándo” ni “cómo”.
A diferencia de sus parientes, los artículos que regulan ayuntamientos y diputaciones —que traen su instructivo de uso bien claro—, el 160 bis flota en el limbo de la ambigüedad. Esta omisión, que algunos llaman “error” y otros llamamos “chanfle”, deja la puerta abierta de par en par para que cualquier “ciudadano preocupado” (muy cercano, casualmente, al consejero que promueve la norma) corra a los tribunales a impugnar al candidato del PAN.
En derecho, como en la cocina, lo que no se especifica se asume de consumo inmediato. Si no hay transitorio que ponga freno, la norma entra en vigor en cuanto se seca la tinta del periódico oficial. La pregunta es de una sencillez que asusta: si la alternancia ya está en la Constitución para el 2033, ¿qué necesidad había de meter el 160 bis ahorita? Y si tantas ganas tenían de ponerlo, ¿por qué se les “olvidó” el transitorio?
En política, las casualidades son tan raras como los políticos honestos. Hay que andar con la guardia en alto y el ojo en la letra chiquita, porque en este juego de interpretaciones, los que se descuiden van a acabar como el que fue por lana y salió trasquilado, o peor aún, dándose cuenta —demasiado tarde— de que el gol ya se los anotaron por debajo de la mesa.
“Hágase la voluntad de Dios, pero en los bueyes de mi compadre.”
La Tercera Ley de San Juan.
Parece que, después de mucho tiempo de vivir en el limbo de los “eternos aspirantes”, por fin le ha caído el veinte a Edgar, el “Güero” Inzunza. El hombre ha descubierto, quizás con la ayuda de un ábaco, que los bloques de competitividad no son una sugerencia decorativa, sino una barrera infranqueable.
Comprendiendo que en San Juan del Río la puerta está cerrada, ha decidido que lo mejor es ponerles zancadilla a los vecinos. Ahora, su estrategia consiste en repartir patadas por debajo de la mesa a los alcaldes de Ezequiel Montes, Tequisquiapan y Pedro Escobedo. La lógica del Güero es de una sencillez encantadora: si logra que a Nava, Magaña y Reséndiz les crezcan los negativos como la mala hierba, quizás —solo quizás— se desanimen de buscar la reelección. Porque el Güero ya entendió que, mientras ellos quieran repetir plato, a él no le toca ni la servilleta.
Sin embargo, nuestro héroe parece olvidar que la política, además de ser el arte de lo posible, también se rige por la física elemental. Al Güero se le viene encima la Tercera Ley de Newton: a toda patada propinada por debajo del mantel, corresponde una respuesta igual de vigorosa pero probablemente más dolorosa. Y por lo que se cuenta, los aludidos ya acusaron recibo de sus “cariños” y se están amarrando las botas.
“Para que uno suba, otro tiene que bajar; pero el que empuja, suele ser el primero en resbalar”
La Ley de Gravedad del Doctor Herrera.
Por otro lado, a quien parece que ya se le fue el tren —y no precisamente el de alta velocidad que nunca llega— es al diputado Gilberto Herrera. El sistema, ese animal lento, pero de digestión implacable, ha comenzado a depurarlo. Al parecer, en las altas esferas de su partido finalmente han comprendido una verdad de catecismo: el votante queretano es alérgico al radicalismo y prefiere el escándalo solo si es en las páginas de sociales.
Lo que resulta un enigma para la ciencia es cómo un académico de su talla, un hombre acostumbrado a las frías certezas de las matemáticas, no ha querido asomarse al balcón de las encuestas. Si lo hiciera, vería que su caída no es una curva estadística, sino un barreno en picada. Mientras tanto, en su propio mercado, otros personajes con modales más mesurados y menos ruidosos le están comiendo el mandado, demostrando que, en política, el que mucha grita, poco convence.
A estas alturas, no me atrevería a vaticinarle un cambio de camiseta, pero no se extrañe usted si a mediados de julio lo vemos refugiado en el PT, que es algo así como el asilo para los que quieren seguir en la nómina de la transformación, pero ya no caben en la sala principal. La otra opción es que el Doctor termine en una franquicia de nueva creación o lanzándose a la aventura independiente, siempre y cuando logre domesticar y meter en cintura a los ruidosos especímenes que integran su tribu.
“El que por su gusto es buey, hasta la coyunda lame.”
Solidaridad de Lejitos y Guerra en el Terruño.
Como si no hubiera ya suficientes nubarrones en el horizonte local, la dirigente estatal de MORENA ha decidido que lo urgente es defender lo indefendible. Mire usted que organizar una manifestación frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores para echarle porras a Nicolás Maduro es, por decir lo menos, una distracción exótica. No cabe duda de que es muy cómodo defender dictaduras ajenas desde el confortable sofá de la democracia queretana; sin embargo, para la “marca” que representa, el favor resulta ser un flaco servicio.
En lugar de andar gastando suela en favor de ideologías que dice profesar pero que claramente no ha terminado de leer, la dirigente debería echarle un ojo a las guerras intestinas que se traen en su propio terruño. Pues la ambición por la silla principal del Palacio de la Corregidora tiene a los caballeros rompiéndose las medias en un pleito que, a la larga, promete ser tan estéril como un desierto.
Lo más divertido de la comedia es que, mientras los señores se despedazan por el puesto, es muy probable que una militante despistada termine sacándose la rifa sin haber comprado boleto. En política, como en las ferias de pueblo, a veces el premio se lo lleva el que pasaba por ahí mientras los demás se peleaban por el turno.
“Candil de la calle, oscuridad de su casa.”
La Rifa del Tigre en San Juan.
Pero no se crea que el desorden es exclusividad de los de enfrente; en el PAN y en San Juan del Río también hace aire, y a veces sopla con fuerza de vendaval. Ahí tenemos a la entusiasta Tania Ruiz Castro, quien corre el riesgo de sacarse la “rifa del tigre” si llega a ser la elegida candidata para la presidencia municipal. El problema es que, si existe un panismo rancio, purista y de costumbres inamovibles en todo el estado, ese es el sanjuanense.
A los señores de la buena sociedad panista difícilmente les va a pasar el trago amargo de sus quince años de militancia priista. Y menos aún olvidarán aquellas declaraciones de hace una década, cuando la hoy entusiasta aspirante gritaba “¡fraude!” y empujaba impugnaciones contra los mismos que ahora le tendrían que dar el voto.
Si Tania Ruiz cree que la pura marca y la “mano divina” que mece la cuna en la capital le van a resolver el expediente, está pecando de optimista. Más le valdría ir preparando el incienso para conquistar a las vacas sagradas del municipio y empezar a sanar heridas que, en San Juan, cierran más lento que un trámite de gobierno. Porque sin el perdón de la alcurnia local, su candidatura va a ser como un brindis con veneno: muy elegante, pero de consecuencias fatales.
“El que tiene cola de paja, no debe acercarse a la lumbre.”
En fin, que entre paridades dinámicas, patadas clandestinas, dictaduras remotas y panismos de rancio abolengo, la política en Querétaro sigue siendo el mejor espectáculo de la ciudad. Lo malo es que el boleto nos sale carísimo a todos.
Hoy no hay lenguas viperinas, no hay trascendidos, no de lata.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted y recuerde, no me crea a mí, créales a sus ojos; y si no le gusta lo que escribo ¡No me lea! Por favor, no me lea, no se mortifique.
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