La ley es la ley… cuando conviene
Muchos políticos y partidos se la han pasado diciendo que el respeto a la ley es su máxima, que nada debe estar fuera de ella y que es algo irrenunciable. Sin embargo, muchos de ellos, en cuanto Donald Trump invadió y bombardeó Venezuela y secuestró a un presidente, salieron a aplaudirlo. Esto ocurrió aún cuando se violó el derecho internacional, cuando las propias autoridades de Estados Unidos terminaron aceptando que el cártel del que decían formaba parte Nicolás Maduro nunca existió y cuando no hubo respaldo del Congreso estadounidense.
Pero eso no importó al Partido Acción Nacional, ni a nivel nacional ni estatal, lo que devela cada día más su desplazamiento hacia la ultraderecha. Tampoco pareció importar a senadores como Lupita Murguía, diputados como Guillermo Vega y alcaldes como el presidente municipal de Querétaro, Felipe Fernando Macías Olvera, quienes no tardaron en mostrar su respaldo en redes sociales.
Y no, el argumento no puede ser que Nicolás Maduro es un dictador. Desde mi punto de vista, lo es; claro que es dictador y desde hace muchos años el pueblo venezolano añoraba un cambio. Pero eso no puede validar que Estados Unidos se asuma como el policía del mundo, ni mucho menos puede ser un argumento para salirse de la ley o, en el caso de los queretanos, para aplaudir un acto ilegal, violatorio de esa misma ley que tanto dicen proteger y que proclaman en sus gobiernos, en sus estados y en sus principios de partido, solo porque les resulta conveniente o coincide con sus ideales, es decir, estar en contra de países socialistas o de izquierda.
La incongruencia no solo es grave, es imperdonable y representa una gran alerta, ya que significa que estarían dispuestos a romper las leyes que tanto alaban si les resulta conveniente, tal como lo hace Trump de manera impune desde hace ya varios años.
Esto, además, tiene implicaciones muy preocupantes para la región, con Donald Trump haciendo referencias a la doctrina Monroe y lanzando amenazas a México, Colombia y Cuba, algo que estos personajes panistas debieron considerar antes de aplaudirle de manera tan mezquina y simplona.
Habría que preguntarles en qué casos consideran que está bien violar la ley y en cuáles no, y en qué momentos aplaudirían que alguien la viole, además de este ejemplo tan claro.
Y es que hace mucho alguien me dijo que hay que diferenciar entre lo legal y lo legítimo, hay muchas cosas legales que son ilegítimas y muchas cosas legítimas que son ilegales. Pero ellos, quienes validaron y aplaudieron a Trump, no están hablando de eso; dudo siquiera que les alcance para hacer esa diferenciación. Aquí estamos hablando de validar o no una intervención militar ilegal de Estados Unidos en otro país, una acción que además terminó con la vida de 44 personas, entre civiles y militares.
En el fondo, lo que queda al descubierto no es una postura ideológica, sino una peligrosa disposición a relativizar la ley según convenga y es que cuando el respeto al marco legal se vuelve selectivo, deja de ser un principio y se convierte en un instrumento político, y eso, en cualquier democracia, debería encender todas las alarmas.
Aquí termina mi mirada incómoda, pero necesaria.



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