Nuestra Voz Querétaro

¿Cuánto cuesta preguntar? Democracia, teleférico y el dilema del gasto público

En Querétaro nadie discute que la participación ciudadana es un valor que hay que cuidar. Al contrario: abrir consultas públicas, escuchar a la gente y someter decisiones relevantes al escrutinio social debería ser la regla, no la excepción. El problema no es preguntar. El problema es cuánto nos cuesta hacerlo y cómo estamos construyendo ese camino democrático.

El plebiscito sobre la eventual construcción de un teleférico en la zona norte de la ciudad ya tiene fecha y precio. El Instituto Electoral del Estado de Querétaro aprobó un ejercicio programado para abril de 2026 con un presupuesto que rebasa los 30.5 millones de pesos. Treinta millones para preguntar si sí o si no. Treinta millones para escuchar a la ciudadanía. Treinta millones que, inevitablemente, obligan a hacer una pausa y revisar si este es el único modelo posible de participación.

A este monto hay que sumarle un dato que no es menor y que suele perderse en la discusión pública: desde el año pasado se anunció el inicio de estudios técnicos para analizar la viabilidad del teleférico. Estudios que, por supuesto, también implican recursos públicos. Es decir, antes de que la ciudadanía decida si quiere o no el proyecto, ya se está invirtiendo dinero en analizarlo, diseñarlo y proyectarlo. La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué pasa si al final la respuesta es no?

No se trata de satanizar la planeación ni de descalificar los estudios técnicos, que son necesarios para cualquier obra de gran escala. Se trata de poner sobre la mesa el orden de las decisiones y la lógica del gasto. Porque si la ciudadanía decide que el teleférico no va, esos recursos —tanto los de los estudios como los del plebiscito— no regresan. Y en una ciudad con carencias visibles en movilidad, servicios básicos y seguridad vial, cada peso cuenta.

La discusión de fondo no es el teleférico. Es el modelo. Durante años hemos asociado la democracia participativa con ejercicios costosos, complejos y burocráticos, como si escuchar a la gente solo fuera posible montando una maquinaria electoral completa. Hoy la propia autoridad electoral reconoce que existen mecanismos más económicos, como las consultas electrónicas, que ya se han aplicado en otros municipios de Querétaro. Y entonces el municipio capitalino está considerando poder hacerlo así.

Abrir la conversación con la ciudadanía es un acierto. Hacerlo sin revisar el impacto presupuestal, no. La democracia también se construye con eficiencia, con creatividad institucional y con responsabilidad financiera. No es democrático gastar millones sin preguntarnos si hay formas más accesibles, incluyentes y sostenibles de hacerlo.

Si de verdad queremos una ciudadanía involucrada, informada y participativa, tenemos que dejar de ver la democracia como un evento extraordinario y empezar a construirla como un proceso cotidiano. Más cercano, más barato y, sobre todo, más coherente con la realidad que viven miles de queretanas y queretanos.

Preguntar es sano. Escuchar es necesario. Gastar sin revisar alternativas, no. Hoy Querétaro tiene la oportunidad de discutir no solo si quiere un teleférico, sino qué tipo de democracia está dispuesto a pagar y a construir. Esa, quizá, es la consulta más importante de todas.

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