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Nuestra Voz Querétaro

Santa Rosa Jáuregui: ¿deuda histórica o cálculo político?

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La municipalización de Santa Rosa Jáuregui ha regresado, una vez más, al centro del debate político en Querétaro. No es un tema nuevo ni improvisado; por el contrario, es una discusión que ha transitado durante años entre el discurso de la justicia territorial y la realidad de la conveniencia política.

El argumento es conocido: se trata de una deuda histórica. Santa Rosa Jáuregui, se insiste, ya fue municipio y hoy merece recuperar esa condición para garantizar una mejor atención a sus necesidades, mayor autonomía y un desarrollo más equitativo. Bajo esa lógica, el bloque de la 4T ha retomado con fuerza la propuesta, colocándola nuevamente en la agenda legislativa.

La escena del pasado fin de semana en la Comisión de Puntos Constitucionales lo dejó claro. No solo participaron los diputados integrantes; también estuvieron presentes actores políticos que, sin formar parte de la comisión, llegaron a respaldar el planteamiento. El mensaje fue evidente: hay una intención política de empujar el tema más allá del trámite legislativo ordinario.

Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, la discusión rápidamente se polarizó. Mientras un grupo defiende la municipalización como un acto de justicia, otro la cuestiona por sus implicaciones administrativas, financieras y territoriales. La oposición, particularmente desde el PAN, ha mostrado reservas claras frente a una decisión que, advierten, no puede tomarse sin un análisis profundo de viabilidad.

Y ahí es donde el debate debería centrarse, pero no siempre ocurre.

Porque municipalizar no es un gesto simbólico ni una concesión política. Es una decisión estructural que implica la creación de un nuevo aparato de gobierno: presupuesto propio, servicios públicos independientes, capacidad administrativa, planeación urbana y sostenibilidad financiera. No basta con el argumento histórico; se requiere un proyecto sólido que garantice que el nuevo municipio será viable y funcional en el largo plazo.

La pregunta de fondo no es si Santa Rosa Jáuregui merece ser municipio. La pregunta es si hoy existen las condiciones reales para que lo sea sin comprometer su desarrollo ni el del propio municipio de Querétaro.

Y en ese punto, el riesgo es evidente: que un tema legítimo termine siendo utilizado como bandera política.

Porque en el fondo, más allá de los argumentos públicos, la municipalización también implica una reconfiguración del poder territorial. Significa nuevos espacios de decisión, nuevas estructuras políticas y, eventualmente, nuevas disputas electorales. Pensar que este debate es ajeno a esa lógica sería ingenuo.

Eso no invalida la discusión, pero sí obliga a elevarla.

Si realmente se trata de saldar una deuda histórica, entonces la propuesta debe construirse con rigor técnico, transparencia y visión de largo plazo. No puede responder a coyunturas políticas ni a intereses inmediatos. No puede depender de mayorías momentáneas ni de cálculos electorales.

Querétaro ha construido, con aciertos y errores, un modelo de desarrollo que hoy enfrenta nuevos retos. Fragmentar o reorganizar su territorio exige una responsabilidad mayor, no menor. Exige diagnósticos claros, estudios financieros, análisis de impacto y, sobre todo, una verdadera consulta a la ciudadanía que habita Santa Rosa Jáuregui.

Porque al final, la decisión no debería girar en torno a quién impulsa la iniciativa o quién se opone a ella. Debería centrarse en una sola pregunta: ¿qué es lo mejor para quienes viven ahí?

Santa Rosa Jáuregui no puede seguir siendo un tema recurrente en la agenda política sin una resolución de fondo. Convertirla en municipio podría ser una oportunidad… o un error costoso.

La diferencia estará en cómo se tome la decisión.

Y, sobre todo, en si se hace pensando en el futuro de su gente… o en la rentabilidad política del presente.

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