Cuando participar ya no alcanza
“La democracia no se agota en las elecciones, se construye todos los días”. La frase de Cuauhtémoc Cárdenas no es un lugar común: es una advertencia. Y en Querétaro, hoy, esa advertencia se está volviendo realidad.
Porque lo que estamos viendo no es un exceso de participación ciudadana. Es el síntoma de algo más profundo: cuando participar ya no alcanza, la ciudadanía empieza a exigir.
El punto de quiebre fue el bloqueo en Epigmenio González. Una acción que incomodó, que generó molestia, que encendió el debate público. Pero antes de quedarse en la forma, conviene revisar el fondo. La protesta no surgió de la nada. Fue la consecuencia de meses —sí, meses— de gestiones, reuniones, mesas técnicas y solicitudes formales que no lograron traducirse en resultados concretos.
El reclamo es puntual: tras trabajos de reencarpetado, no se reinstaló la infraestructura peatonal ni ciclista conforme a la normativa. Es decir, no es un capricho. Es una exigencia basada en ley. Y aun así, no se resolvió en los canales institucionales.
Ahí es donde empieza el problema.
Porque en el papel, el modelo funciona. Hay secretarías, hay direcciones, hay mesas de trabajo, hay rutas de atención. Pero en la práctica, algo se rompe en la cadena. Se dialoga, se acuerda… y no se cumple.
Y cuando eso pasa de manera reiterada, la ciudadanía deja de insistir… y empieza a escalar.
Por eso hoy los colectivos de movilidad están pidiendo —no, exigiendo— sentarse con el gobernador Mauricio Kuri. No porque desconozcan a las instancias intermedias, sino porque ya probaron que, en este caso, no están siendo suficientes.
Es importante decirlo con claridad: los propios colectivos han reconocido avances. Han participado en mesas con secretarios estatales, han construido propuestas, han delineado rutas de solución. No están cerrados al diálogo. Todo lo contrario: están apostando por él.
Pero ahora buscan algo más: certeza.
Y por eso han definido una ruta que hoy es clave en este conflicto: las mesas de trabajo con autoridades estatales no son el punto final, son el paso previo para concretar un encuentro directo con el gobernador.
Un encuentro, del que tengo confirmación, se estará dando en los próximos días como parte de este proceso de interlocución.
Esa es la diferencia. No se trata de sustituir el diálogo institucional. Se trata de hacerlo efectivo.
Sin embargo, desde la narrativa política ya apareció el viejo recurso: descalificar. El dirigente estatal del Partido Acción Nacional, Martín Arango, aseguró en días pasados que estas exigencias respondían a una politización del tema. Que no es necesario que el gobernador esté presente. Que las áreas técnicas pueden atenderlo.
Y sí, en teoría pueden. Pero si pudieran… ya estaría resuelto.
Ese es el punto incómodo que nadie quiere decir en voz alta.
Porque aquí hay dos realidades chocando. La institucional, que dice que hay mecanismos suficientes.
Y la ciudadana, que demuestra que esos mecanismos no están funcionando como deberían.
Y cuando eso pasa, la exigencia escala. No por estrategia política, sino por necesidad.
Porque también hay que decirlo: claro que es político. La movilidad, el espacio público, la seguridad vial… todo eso son políticas públicas. Lo que no se vale es “partidizar” el tema para descalificarlo y evitar entrar al fondo.
La participación ciudadana no es un accesorio del discurso democrático. Es su esencia. Y en Querétaro existe incluso una Ley de Participación Ciudadana que contempla herramientas para incidir en las decisiones públicas. Es decir, lo que hoy están haciendo los colectivos no solo es legítimo… es legal.
La diferencia es que antes no se usaban esos mecanismos con esta intensidad. Hoy sí. Hoy la ciudadanía está informada. Hoy está organizada. Hoy está vigilando. Y eso cambia las reglas del juego.
No porque los gobiernos sean necesariamente más ineficientes que antes, sino porque ya no están operando frente a una ciudadanía pasiva. Están frente a ciudadanos que preguntan, que exigen, que dan seguimiento.
Que no se conforman.
Y eso, inevitablemente, incomoda.
Incomoda porque obliga a responder. Incomoda porque exhibe fallas. Incomoda porque rompe inercias. Pero también es una oportunidad. Porque este momento no es una crisis de gobernabilidad. Es una transición. Un ajuste entre una estructura institucional acostumbrada a operar de cierta manera y una ciudadanía que ya no acepta esa lógica.
El problema no es que los colectivos bloqueen. El problema es que tuvieron que llegar a eso para ser escuchados. El problema no es que pidan ver al gobernador. El problema es que antes de eso, nadie resolvió.
Y aquí es donde la frase de Cárdenas cobra sentido completo. La democracia se construye todos los días… pero no solo desde el poder. También desde la ciudadanía.
Hoy, en Querétaro, esa construcción está siendo empujada desde abajo.
La pregunta es si desde arriba se va a entender a tiempo.
Porque si estos mecanismos de diálogo funcionaran de manera natural, no causaría sorpresa que los ciudadanos pidan sentarse con el gobernador. No sería noticia. Sería rutina.
Pero no lo es.
Y por eso hace ruido.
Por eso genera tensión.
Por eso se interpreta como confrontación, cuando en realidad es algo mucho más simple: una ciudadanía que quiere que se cumpla lo que ya se acordó.
El encuentro con el gobernador puede ser un punto de inflexión. Puede ordenar, destrabar, dar dirección. O puede convertirse en una mesa más si no hay voluntad de ejecutar. De ese tamaño es el reto.
Porque al final, la diferencia entre participación y exigencia es una sola: la confianza. Y cuando esa se rompe… la ciudadanía deja de pedir permiso.




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