El milagro de la multiplicación de los panistas (o la mudanza de Rogelio).
La única duda que no genera la repentina mudanza de Rogelio Vega Vázquez Mellado de la cómoda jefatura de gabinete a las sagradas entrañas del partido Acción Nacional es, curiosamente, la duda razonable. Y es que uno no se explica cómo un nombramiento de tan alta envergadura, diseñado a la medida de tan reconocida personalidad, no se ofició justo al día siguiente de su melancólica salida del Palacio de la Corregidora, más aún cuando se tuvo la engalanada presencia del Secretario de Fortalecimiento Interno del Comité Ejecutivo Nacional y considerando que la flamante Comisión Política del CDE que ocuparía Rogelio tiene el noble propósito, según el conmovedor discurso del propio presidente estatal, de inflar los músculos del partido rumbo al 2027. Pero, sumado a este misterio de los tiempos burocráticos, al consultar el registro nacional de miembros resulta que Rogelio brilla por su absoluta ausencia, lo cual nos deja con dos tristes opciones: o el padrón nacional que tanto presumen de transparente está más abandonado que una promesa de campaña, o de plano alguien nos está viendo la cara, pues hasta circuló en redes sociales la presunta foto de un documento personalísimo e intransferible como lo es una credencial de afiliación. Pero suponiendo, sin conceder, que el evangelio del presidente estatal sea cierto y que el recién ungido prócer sea militante desde el 2025, la incertidumbre se transforma en pasmo al darle una hojeada a los aburridos documentos del partido, ya que el acto responsable viola olímpicamente el artículo 72, numeral 1, fracción f, de los Estatutos Generales del Partido Acción Nacional. Dicho y molesto precepto exige para los integrantes de los Comités Directivos Estatales una militancia mínima de 5 años, eso sin contar el pequeño detalle de que el presidente del Comité Directivo Estatal se emocionó de más y actuó excediendo sus atribuciones —ultra vires, dirían los leguleyos—, pues de conformidad con los artículos 75 y 76 del Reglamento de los Órganos Estatales y Municipales del PAN, las facultades de la presidencia en este rubro son estrictamente de propuesta; el presidente solo tiene capacidad para sugerir ante el Comité Directivo Estatal o la Comisión Permanente Estatal la creación de comisiones y a sus titulares, dejando la facultad originaria de designación y aprobación de manera innegociable en manos de los órganos colegiados, por lo que, vayan preparando los amparos, ya se avecina en el horizonte la inevitable judicialización de este pintoresco sainete.
Como dicta la infalible jurisprudencia de nuestra picaresca grilla: a los amigos, justicia, gracia y cargos; a los estatutos, la bendita trituradora de papel.
El veto de Schrödinger y el cantinflismo de Estado
Pos sí, finalmente aterrizaron las cacareadas observaciones a la Reforma al Código Civil que adiciona diversos artículos en materia de Identidad de Género —y ojo aquí, no Ley de Identidad, hablemos con la propiedad que ameritan los enredos legislativos—. El milagro ocurrió el pasado 29 de mayo a las 14:25 horas, materializado en 21 estoicas hojas que sudan 15 observaciones plagadas de una gimnasia argumentativa tan contradictoria que no darían gasolina ni para arrancar una controversia Constitucional de kermés. Quizá por esa misma orfandad jurídica terminaron emboletando al gobernador para aventarse este veto que no es veto, hilvanado con una narrativa tan enredada que es digna del mimo de México en su más insoportable etapa moralina. El redactor de este esperpento arrastra al incauto lector desde excusas baratas sobre la falta de reglamentación —como si ignoraran que expedir reglamentos orgánicos es chamba propia del Ejecutivo y no materia de ley sustantiva , esa que dicta el derecho de la persona frente al Estado—, hasta unas apreciaciones personales que destilan un anacronismo de sotana y un misticismo de pitonisa griega, todo con el loable afán de “proteger” a la sociedad de hechos futuros, inciertos y apocalípticos como los temibles “litigios estratégicos” (sic). Y para muestra de esta comedia de equivocaciones, basta degustar la cita literal con la que cierran el documento; un mazapán retórico que seguramente le provocará agruras de campeonato a los diputados de la bancada azul y a sus votantes más persignados: “No omito mencionar que, el Poder Ejecutivo no desconoce el derecho a la identidad de género autopercibida ni el libre desarrollo de la personalidad, sino que estima indispensable que cualquier mecanismo registral cumpla parámetros mínimos de seguridad jurídica, operatividad administrativa, coordinación institucional y protección integral de derechos humanos”.
En resumidas cuentas, el mensaje oficial es claro: te reconozco tu derecho de dientes para afuera para sonar moderno, pero te lo asfixio en el pantano de la burocracia para que el señor cura no me retire el saludo.
Como reza el sagrado evangelio de nuestra doble moral institucional: “Hágase el libre desarrollo de la personalidad en los bueyes de mi compadre, que el reglamento registral nos lo proteja el Espíritu Santo”.
El certamen de belleza en el pabellón de los desahuciados
Seguramente usted, alma cándida que todavía conserva intacta la fe en los Reyes Magos y en las virtudes de la democracia, ha visto desfilar en letras de molde diversas encuestas donde se ensalzan las bondades de los suspirantes del PAN. Todos ellos aparecen retratados con esa sonrisa de anuncio de pasta dental y ese aire de santidad laica que adorna a los hombres íntegros, de trayectoria intachable y desbordante compromiso social. Lo que esas piadosas mediciones omiten por diseño —y que nadie en su sano juicio se atreve a publicar— es el inventario de sus podredumbres: los números negativos, esa incómoda cifra que mide con cuántas ganas la ciudadanía le cerraría la puerta en la nariz al candidato y reventarle el hocico.
¿Pero a qué viene el tema? Pues nada más y nada menos a que en la gran comedia burocrática que se escenificará del 27 al 30 de julio con la validación de expedientes en el CEN, la última palabra no la tendrá el señor gobernador, ni el ubicuo Rogelio, ni el mismísimo Martín, sino el gendarme mayor del Comité Ejecutivo Nacional. Y tras revelarse los nombres bendecidos, entre el 31 de julio y el 10 de agosto, los suspirantes tendrán que salir del 10 al 24 de agosto a corretear al respetable para mendigar un mínimo de 10 firmas por sección electoral en todo el estado.
Pero el verdadero drama psicológico ocurrirá del 24 al 30 de agosto con la encuesta final, una medición donde no ganará el más amado, sino el menos aborrecido, y será ahí donde el peso de los negativos actúe como una losa de concreto amarrada al cuello; mala noticia para algunos vanidosos que poseen un índice de rechazo tan alarmante que harían palidecer a un cobrador de impuestos.
Al final de esta contienda, elegir al abanderado es como ganarse la rifa del pavo en la oficina: nadie sabe bien cuánto tiempo llevaba congelado el animal, pero el ganador posa para la foto abrazándolo con singular alegría, nomás porque siempre será mejor eso que llegar a la casa con las manos vacías.
La paciencia del relojero y los cálculos de la ortodoxia.
Mención aparte en esta pasarela de ambiciones merece el Secretario de Desarrollo Social, Luis Bernardo Nava Guerrero, quien, fiel a sus innegables hechuras ortodoxas de panista antiguo y con una sobriedad digna de quien entiende la grilla con la frialdad y precisión de un reloj suizo, avisó que su participación en el proceso de selección del candidato a gobernador deberá ser pulcramente consensuada con el gobernador Mauricio Kuri, todo con el piadoso fin de evaluar si verdaderamente suma al proyecto del partido. Y aunque algunos sesudos opinólogos de café interpretaron el gesto como un asomo de tibieza o una vergonzosa subordinación de vasallo, lo cierto es que Nava no es un novato dispuesto a regalar una salida en falso, ni mucho menos a apostar su nada despreciable capital político en el casino electoral a menos que existan las condiciones absolutas y prefabricadas para suceder a su jefe. Si me permite adelantarme a los tiempos, el simple hecho de verlo anotado en la contienda será una clarísima señal divina para ese panismo de cepa que ya está desesperado y ávido de un liderazgo que, por fin, resulte muy pero muy panista.
En el devoto oficio de la genuflexión burocrática, el político que pide permiso para moverse no lo hace por lealtad al amo, sino porque ya se cercioró de que la corona tiene su talla y de que el piso está lo suficientemente limpio para no mancharse las rodillas.
El regreso del Bravo de Sonora
Por cierto, y como si a nuestra cartelera le faltaran fenómenos, quien decidió materializarse una vez más en el agridulce escenario político es el siempre polémico, pero jamás intrascendente, José María Tapia Franco. Con la soltura de quien no le debe nada al pudor, el hombre anuncia que se inscribirá en el sacrosanto proceso de selección de candidato de MORENA. Para el gusto de este humilde espectador, el aspirante ya va tarde al reparto de las hostias; pero sería de necios regatearle al político sonorense su indiscutible vocación de mago de pueblo, pues ya en el pasado logró dejarnos a propios y extraños con el ojo cuadrado al emerger de la más gelatinosa nada para embolsarse la candidatura de la 4T a la presidencia municipal capitalina. Haremos bien en no apartar la vista de sus andanzas, porque si algo nos asegura el buen Chema en medio de esta desabrida grilla, es un desbordante y muy bien coreografiado espectáculo.
En el inagotable burdel de nuestras elecciones, nadie es forastero si sabe pagar a tiempo la cuota de la pista; al final, el aplauso de la perrada no es para el que tiene el alma más pura, sino para el que ejecuta la maroma más vistosa.
El adiós de la escribana y la utopía del cuarto distrito
Algunos malintencionados aseguran que la lengua, esa pequeña víbora que a veces nos pierde, fue la responsable de que Laura Aguilar terminara quedándose sin la coordinación de gabinete y sin su tan codiciado despacho notarial en la última repartición de fe pública, esa ceremonia donde se entregan notarías como quien reparte dulces en una fiesta infantil. Pero claro, como el chisme siempre necesita un barniz de esperanza, los románticos empedernidos ya corren la voz de que no le dieron nada porque, en realidad, le tienen reservado el trono de la candidatura a diputada local por el Cuarto distrito. Claro que, para materializar tal fantasía, la aspirante tendría que ganarse la lotería de una encuesta, lo cual, bajo el actual estado de las cosas, se ve más complicado que encontrar a un político honesto un domingo por la tarde.
En el noble arte de la política local, cuando no te dan ni las gracias después de servir, es porque ya te están preparando para el sacrificio electoral; es decir, te mandan al Cuarto distrito no para que ganes, sino para que aprendas, por las malas, que en este juego el que habla de más termina siempre escribiendo sus memorias en el olvido.
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!
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