¿El futbol afecta la salud mental? investigador de la UNAM explica cuándo preocuparse
Un gol al último minuto puede desatar euforia. Una derrota dolorosa puede arruinar el día. Para millones de personas, el futbol genera emociones intensas que forman parte de la experiencia de ser aficionado. Pero ¿qué pasa cuando esas emociones duran demasiado o empiezan a afectar la vida diaria?
De acuerdo con David Amaya Mora, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, sentir alegría, tristeza, enojo o ansiedad por el resultado de un partido es completamente normal, siempre que estas emociones sean temporales y no interfieran con las actividades cotidianas.
El especialista explicó que las emociones suelen ser respuestas automáticas e intensas de corta duración. Por ejemplo, la felicidad que provoca un gol de nuestro equipo o la frustración tras una derrota. Los sentimientos, en cambio, permanecen más tiempo porque implican una reflexión sobre lo que vivimos y sentimos.
Ahí es donde conviene poner atención.
Cuando deja de ser una reacción normal
Amaya Mora señaló que la importancia que una persona le da al futbol influye directamente en cómo vive los resultados. Para algunas personas, una derrota apenas representa una molestia pasajera; para otras, especialmente en un país con una fuerte cultura futbolera como México, puede tener un impacto emocional más profundo.
Sentirse triste durante un día o dos después de que pierde la Selección Mexicana o el equipo favorito entra dentro de lo esperado. Sin embargo, si esa tristeza se mantiene durante dos semanas o más, aumenta en intensidad y comienza a afectar la energía, la motivación o el desempeño cotidiano, podría tratarse de un problema de salud mental que requiere atención.
El académico advirtió que también es importante buscar ayuda profesional si aparecen señales como falta de apetito, alteraciones del sueño, aislamiento, pensamientos relacionados con la muerte o la sensación de que la vida ya no vale la pena.
La euforia también tiene límites
La alegría por una victoria tampoco suele representar un problema. Celebrar con amigos, reunirse en espacios públicos, abrazarse o festejar son conductas normales asociadas al deporte.
No obstante, el especialista recordó que la euforia puede convertirse en una señal de alerta cuando se prolonga durante varios días o semanas y se acompaña de comportamientos impulsivos o riesgosos.
Entre ellos mencionó gastos excesivos, apuestas imprudentes, agresiones, consumo excesivo de alcohol, relaciones sexuales sin protección o conductas peligrosas como conducir a alta velocidad.
“Es importante identificar cuándo una emoción deja de ser una reacción normal y comienza a generar consecuencias negativas para la persona o para quienes la rodean”, explicó.
Validar lo que sentimos
El especialista recomendó reconocer y validar las emociones que surgen después de un partido, en lugar de ignorarlas o minimizarlas.
Mientras se busca apoyo profesional, en caso de ser necesario, actividades como jugar una cascarita, convivir con amigos, compartir tiempo con la familia o realizar actividades placenteras pueden ayudar a recuperar el equilibrio emocional.
En los casos de euforia, sugirió recurrir a estrategias que permitan mantener el control y regresar a la rutina cotidiana, como establecer límites previos para evitar gastos impulsivos o excesos durante las celebraciones.
La pasión por el futbol forma parte de la vida de muchas personas y puede generar momentos de alegría, frustración o emoción colectiva. La clave, señala la UNAM, está en reconocer cuándo esas emociones son pasajeras y cuándo comienzan a afectar la salud mental.




Comentarios