La epopeya del oficinista y las firmas fantasma
Parece que el presidente estatal del PAN, mi muy apreciado Martín Arango —o Martincillo, para los cuates de la alcurnia iletrada—, padece de una aguda fascinación por Joseph Goebbels y su dogma de la repetición de la mentira. O bien, es simplemente un entusiasta incapaz de recular tras haber dado el primer paso en su épica ficción jurídica. El hombre se plantó ante las cámaras con la genial ocurrencia de que, juntando firmas en tan solo 1 de los 32 estados de la República —mismas que no representan ni el 3% de la lista nominal local y un raquítico 0.05% de la lista nominal nacional— iba a despojar de su registro legal a la primera fuerza política del país. Esto, por supuesto, asumiendo con desbocada fe que todas las firmas son buenas y que los firmantes no son almas en pena o difuntos con los derechos políticos suspendidos.
Más allá de esta exhibición de estulticia y pueril creatividad para jalar reflectores mediante un proceso inventado fuera de toda ley electoral, lo verdaderamente grave es el daño colateral a la psique de sus huestes. El INE, evidentemente, no moverá un dedo; no por complicidad, sino porque la propuesta de Arango está totalmente fuera de su marco normativo. Eso lo sabe usted, amable lector, cuyo intelecto presumo elevado por el solo hecho de desgastar su vista en estas líneas, y lo sé yo. Pero explíqueselo usted a Juan o a Juanita Pueblo, a quienes don Martín llevó a gritar ¡Narco MORENA! frente a las oficinas locales del instituto. Esas almas comprometidas, militantes del tierno gremio de los “pobres de derecha”, difícilmente entenderán que la oficialía de partes está obligada a recibir cualquier papel, sin juzgar si contiene una ideíta o una soberana ideota. Los legajos de papeles presentados por Martín terminarán en el archivo muerto porque muertos nacieron; pero a la dirigencia estatal del AN las consecuencias y la percepción ciudadana parecen importarle un comino.
El primer afectado es el árbitro. Cuando el INE deseche el trámite por improcedente, para los feligreses de la “ficción martiniana” será facilísimo predicar que el instituto pactó con el enemigo. Llevaron un chingo de firmas con la misma fe ciega e ilusión con la que los colonos de Santa María Magdalena llevan cada año sus peticiones de obras pluviales al municipio, para que al final no pase absolutamente nada. Uno se pregunta si Martín dimensiona lo que transmite al ciudadano sin partido: que el presidente del partido oficial en el estado y en las principales ciudades metropolitanas busca ganar la contienda por default, exhibiendo una profunda esquizofrenia política donde pretendes aniquilar al rival nacional con el 2.4% de un padrón local que tú mismo gobiernas. Lo he dicho muchas veces y lo seguiré diciendo, aunque les purgue al grado de querer vetarme en pleno mes de la “libertad de expresión” (mientras juran que ni me leen). Si alguien no pone orden en Acción Nacional, se van a llevar un susto de muerte. Y es que, para la actual presidencia del Comité Estatal, la verdad sea dicha, es demasiado collar para tan poco perro.
“En el teatro de carpa de nuestra política, cuando los actores carecen de talento y el libreto es un chiste, la única salida digna de la dirigencia es hacer ruido con las bacinicas para simular que se trabaja”.
La burbuja rota y el aceite de culebra
Por cierto, no sé si usted, avezado lector, haya visto ya la reciente encuesta publicada por Enkoll para medir las preferencias rumbo a la gubernatura, pero le adelanto que seguramente le aflojó el intestino al primer mandatario del estado. A diferencia de esos pasquines de pacotilla como Massive Caller o tantas otras grafiquitas de redes sociales cuya metodología encuentra su única explicación en la parapsicología o la lectura de los posos de café, esta sí fue aplicada “cara a cara” en las viviendas, presumiendo un margen de error de +/- 2.8% y un envidiable nivel de confianza del 95%.
Por primera vez nos recetan sin anestesia las preferencias brutas y el temido saldo de opinión; y es precisamente en estos últimos datos donde la puerca tuerce el rabo. En saldo de opinión, el partido del gobernador se hunde en un patético -4, mientras que MORENA nomás trae un 22. Con una preferencia bruta de 34 puntos para el PAN y 33 puntos para MORENA, las matemáticas básicas nos gritan que, contemplando el margen de error, esto es un soberano empate técnico. Pero más allá de las maromas aritméticas, lo verdaderamente sustancioso es que este numerito coincide a la perfección con las encuestas “de a deveras” —esas que el gobernador revisa a puerta cerrada y con un trago doble en la mano—, viniendo a reventar la fragante burbuja de cristal soplada por el veracruzano Fernando Vázquez Rigada. Este brillante estratega le ha vendido al patrón el espejismo de que usar la legislación como herramienta corriente de marketing político, saliendo a vetar leyes y a promover iniciativas forradas de inconstitucionalidad e inconvencionalidad, le ganará un chingo de simpatía con el respetable. Por cierto, ¿usted ya vio publicada la famosísima e innovadora Ley Kuri? Porque yo tampoco.
Estamos a exactamente un año de la elección, así que hay tiempo más que suficiente para acumular los negativos que aporte el candidato ungido y los que siga sumando el propio gobernador con sus ocurrencias, todas dignas del merolico que le vende aceite de culebra. Tiempo para perder sobra; el que se está agotando es el tiempo para ganar. Pero no me haga caso a mí, total, para tapar el sol con un dedo está PCN, esa noble agencia que cobra un pastón grotesco en el gobierno del estado y en todos y cada uno de los municipios gobernados por el PAN. Con esa clase de asesoría, no tarda en salir Beto Cabrera a promover una ley de vanguardia para que los perros callejeros usen pañales, o Rodrigo Monsalvo a proponer la prohibición del Grand Theft Auto para proteger a nuestras pálidas juventudes de la apología del delito.
“En la política, los aplaudidores a sueldo son como las moscas: te convencen de que el estiércol es un manjar de reyes, justo hasta el momento en que te obligan a darle la primera mordida”.
El mercado de las lealtades y los sobres amarillos
En la sacrosanta Legislatura también se cuecen habas, y casi siempre con agua de albañal. Aunque tirios y troyanos salen a cacarear a los cuatro vientos su aplastante victoria tras las designaciones del flamante fiscal anticorrupción y del magistrado del tribunal de responsabilidades administrativas, la verdad es mucho más prosaica. Lo cierto es que el gobernador solo se compró la ilusión de poner a un vasallo que le rinda pleitesía de aquí al 1 de octubre de 2027. Porque en la lógica descarnada de la política real, esa donde no caben los cuentos de hadas ni las chaquetas mentales, la inquebrantable fidelidad de De los Cobos durará exactamente hasta el minuto en que la nueva legislatura y el próximo gobernador decidan darle un doloroso apretón de tuercas en las partes pudendas. Por su parte, que no vengan los morenos a darse baños de pureza revolucionaria; ellos tampoco ganaron absolutamente nada más que los abultados sobres que, con obediencia canina, pasaron a recoger a la ventanilla de siempre. Y es que colocar a un magistrado tierno y sin malicia para nadar entre 2 tiburones colmilludos y curtidos, es el equivalente burocrático a la nada absoluta.
“En este burdel de la función pública, con dinero baila el perro, y con un buen apretón en las criadillas, hasta el fiscal más fiero cambia de dueño”.
El misterio del ábaco gubernamental y el acueducto de oro
No voy a cometer la temeridad de afirmar nada categórico en este país de ofendidos, pero todo parece indicar que, al presidente municipal, Felipe Fernando Macías Olvera, alguien le está endulzando el oído con mentiras infantiles, o de plano le están viendo la cara de turista despistado. El munícipe salió muy orondo a jurar y perjurar ante los micrófonos que el magno festejo de aniversario del sacrosanto acueducto queretano costó la pírrica cantidad de 1.5 millones de pesos, una auténtica ganga para celebrar piedras viejas. Sin embargo, escarbando en el fango de la burocracia, las órdenes de compra CON-310420 y LIC.-310421 arrojan, como diría el mismísimo expresidente Andrés Manuel López Obrador, “otros datos”. Resulta que entre las 2 adjudicaciones suman la escandalosa friolera de 16,433,441.66 pesos. La aritmética de primaria nos escupe a la cara una coqueta diferencia de 14,933,441.66 pesos, un detallito insignificante que nos arrincona contra dos únicas e infelices conclusiones: o en la secretaría de administración son unos asnos insalvables que no saben ni en qué se gastan el erario, o a su jefe le están picando los ojos con la sutileza de un carterista en el transporte público a la hora pico.
“En la contabilidad del erario no existe el error matemático; solo existe la magia transformadora que convierte el dinero del pueblo en el rancho del tesorero”.
El suspirante y el naufragio de alcoba
Cuentan las lenguas viperinas que amenizan los desayunos políticos que la meteórica carrera de un aguerrido suspirante a la gubernatura pende de un hilo sumamente delgado, a punto de estrellarse contra el duro pavimento de la realidad. Y no, amable lector, la inminente desgracia no es producto de un desfalco al erario, ni de su incompetencia —detalles que en nuestro sistema suelen ser condecoraciones y garantías de ascenso—. El tropiezo de este aspirante a prócer obedece a motivos estrictamente personales; una comedia de pasiones mal administradas y secretos a voces que ya tienen nombre y apellido: Ximena Belman Valdovinos.
“Queda demostrado, una vez más, que nuestros ínclitos salvadores del pueblo pueden sortear auditorías, pactar con el diablo y pisotear la ley con singular alegría, pero siempre, irremediablemente, terminan resbalando en los fluidos de sus propias debilidades privadas”.
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!
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