TDAH no es flojera: afecta atención, impulsos y organización
Estar “en las nubes”, perder objetos, olvidar pendientes o abandonar una tarea a la mitad puede ocurrirle a cualquiera. En el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), sin embargo, estas dificultades son persistentes, aparecen en distintos espacios de la vida y pueden afectar la escuela, el trabajo, las relaciones y la organización cotidiana.
Este 13 de julio, Día Internacional del TDAH, la Secretaría de Salud de Querétaro llamó a reconocer sus señales y buscar una valoración profesional. Se trata de un trastorno del neurodesarrollo que modifica la manera en que el cerebro regula la atención, la actividad y el control de los impulsos; no es falta de voluntad, mala crianza ni desinterés.
Aunque suele relacionarse con niñas y niños que no pueden permanecer quietos, el TDAH también puede presentarse de forma predominantemente inatenta. En estos casos, una persona puede parecer tranquila, pero tener problemas para concentrarse, organizar actividades, cumplir compromisos o terminar proyectos.
También existe la presentación hiperactiva-impulsiva, asociada con inquietud, necesidad constante de movimiento, interrupciones o decisiones precipitadas, y la presentación combinada, que reúne características de ambas. Durante la adolescencia y la vida adulta, la hiperactividad puede sentirse más como una inquietud interna que como correr o moverse todo el tiempo.
De acuerdo con datos citados por la Secretaría de Salud estatal, el trastorno afecta aproximadamente al 5.9% de niñas, niños y adolescentes y al 2.5% de las personas adultas en el mundo. Además, muchos casos continúan después de la infancia, aunque los síntomas pueden cambiar con la edad o pasar desapercibidos durante años.
Tener algunos rasgos no significa automáticamente vivir con TDAH. El diagnóstico requiere una evaluación clínica integral que revise la historia desde la infancia, la permanencia de los síntomas, su presencia en distintos entornos y la posibilidad de que existan otras condiciones con manifestaciones similares.
Por ello, no basta con un video en redes sociales, una lista en internet o la opinión de personas cercanas. La valoración debe ser realizada por profesionales de la salud capacitados, quienes determinarán si los síntomas cumplen criterios clínicos y qué tipo de apoyo necesita cada persona.
El tratamiento puede combinar atención médica, psicoterapia, acompañamiento familiar y escolar y, cuando está indicado, medicamentos. Estrategias sencillas como dividir las tareas en pasos pequeños, establecer rutinas, reducir distracciones, usar recordatorios y concentrarse en una actividad a la vez también pueden facilitar la vida diaria.
La evidencia disponible tampoco respalda la idea de que el azúcar, los videojuegos, las redes sociales o una crianza permisiva sean por sí solos la causa del TDAH. Los hábitos saludables pueden apoyar el bienestar general, pero no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento profesional.
Comprender el trastorno permite cambiar reproches como “échale ganas” o “pon atención” por apoyos concretos. Para quienes viven con TDAH, recibir un diagnóstico oportuno puede ayudarles a entender sus dificultades, desarrollar herramientas y relacionarse consigo mismos con mayor paciencia.




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