Estudio de pigmentos replantea las causas del declive de Teotihuacan
Un análisis de pigmentos y murales en Teotihuacan realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) plantea una nueva explicación sobre la evolución de la antigua ciudad: los incendios registrados en algunos edificios ocurrieron en distintos periodos y no únicamente como consecuencia de su colapso o abandono.
La investigación, publicada en Journal of Archaeological Science Reports, utilizó técnicas de arqueomagnetismo para estudiar tres murales ubicados cerca de la Plaza de la Luna y la Calzada de los Muertos. Los resultados muestran que las capas de pintura roja y estuco conservaron evidencia de eventos de quema en diferentes momentos de la historia de Teotihuacan.
“Los conjuntos de murales y de estuco estudiados preservan señales confiables” de estos procesos, explicó Avto Goguitchaichvili, titular del Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN) de la UNAM.
Hasta ahora, una de las hipótesis sostenía que los edificios habían sido incendiados durante el colapso de la ciudad. Sin embargo, el investigador señaló que los análisis de magnetización pictórica indican que algunas capas de pintura fueron aplicadas cuando la urbe seguía habitada.
Para el estudio se analizaron 43 muestras de pigmentos y estucos procedentes de murales prehispánicos, aprovechando que las pinturas rojas contienen óxidos de hierro capaces de registrar cambios en el campo magnético terrestre cuando fueron expuestas al calor.
La restauradora del INAH, Gloria Torres Rodríguez, explicó que durante los trabajos detectaron diferencias en la intensidad del color rojo y rastros de material quemado, además de encontrar un muro incendiado que posteriormente fue cubierto con pintura mural, un hallazgo que cuestiona la idea de un único episodio destructivo.
Los fechamientos obtenidos ubican dos periodos principales de actividad: uno entre 300 y 400 d.C., coincidente con la etapa de mayor desarrollo de la ciudad, y otro entre 550 y 650 d.C., relacionado con el periodo de declive de Teotihuacan.
Para Verónica Ortega Cabrera, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de México y colaboradora del proyecto, estos resultados ofrecen una nueva perspectiva sobre la historia de la ciudad y abren la puerta a investigaciones más precisas sobre la cronología de sus principales monumentos.
La especialista señaló que aún persisten interrogantes sobre la fecha de construcción y transformación de las pirámides del Sol y de la Luna, por lo que consideró necesario contrastar los fechamientos obtenidos mediante arqueomagnetismo con otras técnicas, como el radiocarbono.




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