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Cine

El ilusionista, de 2006, es un cuento de magia y de pasión.

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Una ilusión puede bastar para llevarnos a hacer las cosas realidad. El ilusionista, de 2006, es un cuento de magia y de pasión.

(El ilusionista, de 2006, es un cuento de magia y de pasión)

El ilusionista, con Norton, Biel y Giamatti.

Toda buena película es aquella que se queda contigo aún después de que esta ha terminado y te mantiene inmerso en su mundo por unos minutos más, con sensaciones que se vuelven mudos análisis o alimento para las pláticas.

En 2006, tuvimos la presencia de algunas películas relativas a la magia: The Illusionist, Scoop y The Prestige. Coincidentemente, las dos últimas tienen como protagonistas a Hugh Jackman y a Scarlett Johansson.

La similitud en temas y tratamientos puede ser por coincidencia o también un deliberado intento por capitalizar en las campañas publicitarias de las productoras rivales, ya que esta es una situación que se presenta con cierta regularidad. En próximas fechas revisaremos The Prestige, filme esperado de ese año.

El 18 de agosto de 2006 fue el estreno de El ilusionista, un cuento convertido en película de época con las actuaciones de Edward Norton (Eisenheim), Paul Giamatti (inspector Uhl), Jessica Biel (duquesa Sophie von Teschen), Rufus Sewell (príncipe Leopold) y Aaron Taylor-Johnson (como un joven Eisenheim).

Como dato curioso, originalmente el papel de Sophie sería interpretado por Liv Tyler, pero la actriz dejó la producción debido a conflictos de agenda. Norton y Tyler trabajarían juntos en el filme, The Incredible Hulk, de 2008.


La cinta está ligeramente inspirada por el relato corto, “Eisenheim the Illusionist”, de Steven Millhauser, publicado inicialmente en la revista Esquire, en diciembre de 1989, y posteriormente recopilada en la colección de cuentos, The Barnum Museum, de 1990.

Como señalo al inicio, El ilusionista es una historia de amor y de pasión.

Dicha pasión no se limita al aspecto amoroso, sino a la vehemencia que lleva a una persona a definir su vida, su profesión, y sus ideales. Lo anterior puede llevarnos a abrir nuestros ojos a la luz o, también a cerrarnos ante ella. Ambos aspectos son explorados en la película.

The Illusionist, situada en 1889 en Viena (entonces territorio de Austria-Hungría), comienza con el arresto del mago Eisenheim y con la presentación de los resultados por parte del inspector Uhl al príncipe Leopold, heredero al trono del imperio austrohúngaro.

Uhl relata las investigaciones relativas al mago y se remonta a su niñez, cuando era solamente el hijo de un carpintero. Entonces de nombre Eduard Abramovich, el futuro entretenedor vive dos experiencias que cambiarán su vida, conocer fugazmente a un anciano y poderoso encantador.

La segunda experiencia que marca su vida es cuando conoce a una hermosa noble, la duquesa von Teschen.

Los adolescentes se enamoran, mas la relación es prohibida, pues él un plebeyo, y ella, parte de la nobleza europea. Antes de ser separados, Eduard hace una promesa a Sophie que podría llegar a cumplir al pide de la letra.

15 años más tarde, Eduard regresa a la ciudad para establecer su acto de magia y por coincidencia se encuentra con Sophie, quien ahora es la prometida del príncipe Leopold, despreciable hombre que planea derrocar al emperador, su padre, para hacerse del trono.


Como apuntamos insistentemente, la pasión es el motivador de cada personaje y todos llevan su convicción al extremo, interviniendo sus caminos y conduciéndolos, de cierta manera, al desastre.

Neil Burger adaptó el guion y dirigió El Ilusionista, haciendo un buen trabajo (y, de paso, cambiando considerablemente la pieza original). Son también de reconocer, y sin demeritar a los demás departamentos, el compositor, Philip Glass, y el cinematógrafo, Dick Pope. Ambos ayudan a recrear la era y la atmósfera.

Glass compone música clásica para el filme, apegándose al periodo y las influencias.

El ilusionista es un misterio que nos ofrece distintas pistas y que nos invita a deducir conforme se desarrolla la historia. La cámara baja la velocidad cuando sucede algo relevante y es en esos momentos que mucha de la información se nos presenta a cuadro.

Cierro encomiando las buenas actuaciones del elenco completo y que, sumado al conjunto de elementos, nos ofrecen una película que, seguro, nos dejará inmersos en su mundo al menos por unos minutos después de haber terminado.


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La era de hielo 2:

Una nueva versión de La profecía:

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