De arcos conmemorativos, licitaciones fantasmas y el alcalde distraído
Parece ser que el espléndido jolgorio pagado con el sudor ajeno para celebrar el 300 aniversario de los arcos es apenas la puntita del iceberg en las gélidas y turbias aguas de la opacidad en el municipio de Querétaro. Semejante descaro ya debería tener con agruras y buscando antiácidos al presidente municipal Felipe Fernando Macías Olvera, quien a estas alturas tendría que estar redactando el despido fulminante de su titular en la Secretaría de Administración.
Resulta que, a pesar de que su heroica gestión ha cocinado diversas licitaciones desde 2024, cuando el ciudadano ocioso entra al cacareado portal de Convocatorias y Licitaciones Nacionales se topa con un auténtico museo de sitio: las únicas actas que adornan la página son las que dejó abandonadas la administración anterior. De las correspondientes al 2025 y de todas las previas a la muy hedionda LPN-007/2026, no hay ni el polvo. Esta magia negra de desaparecer el rastro del dinero, sumada a la conveniente amnesia de no publicar los fallos en ningún diario de circulación estatal o nacional —no vaya a ser que la plebe los lea—, constituye no solo una burla a la inteligencia pública, sino una violación tan obvia al artículo 24 de la Ley de Adquisiciones, Enajenaciones, Arrendamientos y Contratación de Servicios del Estado de Querétaro que daría risa si no diera tanto coraje.
Si el alcalde no está enterado del muladar que le administran, es patético; pero si se hace de la vista gorda, resulta criminal. Quizá por andar tan ocupado en los concursos de simpatía y en pararle la trompa a su partido para ver si le regalan la candidatura a la gubernatura.
“En política, el que no transa no avanza, y el que esconde las licitaciones… seguro va que vuela para gobernador”.
El zoológico de las vanidades y la ruleta transformadora
Las inscripciones para coordinar la Cuarta Transformación en el estado de Querétaro —un eufemismo bastante barroco para no llamar por su nombre a la rapiña por la gubernatura— nos han regalado una pasarela tragicómica con cuatro especies muy particulares de suspirantes.
En la primera categoría están los que se suben al ring para competir en serio. Ahí vemos a Ricardo Astudillo Suárez, quien tuvo la sagacidad escénica de registrarse presencialmente del bracete de su dirigencia nacional, acomodando un gancho al hígado en el tablero para los despistados que aún dudaban de su peso. En esta misma trinchera despacha Santiago Nieto Castillo, el cual optó por la modernidad del registro digital, una chulada amparada en las bases por motivos personales. A Nieto Castillo le llovieron golpes de pecho fariseos por andar en Madrid, perdiendo de vista el mensaje real: la cúpula le palomeó el trámite sin un solo respingo. Que, si lo hizo desde España o no, resulta ocioso; el señor ya no es funcionario, no cobra en nómina pública y gasta sus propios euros, pero la envidia de provincia es un deporte implacable.
En el segundo pelotón marchan los fenicios, aquellos que se inscriben nada más para ver qué negocian. Lidera esta cofradía Gilberto Herrera Ruiz, un hombre que se sabe profundamente despreciado por la dirigencia nacional, por mucho que presuma sus querencias locales. Le hace segunda Luis Humberto Fernández, cuyo papel será puramente testimonial antes de doblar las manos y declinar por alguno de los punteros; y no podía faltar Chema Tapia, que estirará la liga hasta el pitazo final, seguramente soñando con hacer mancuerna con el ungido para agenciarse la capital del estado.
En la tercera pista del circo tenemos a las devotas de la Santa Suerte: Astrid Ortega, Betty Robles y Laura Patricia Polo Herrera. Estas damas, sin partir como favoritas y huérfanas de cualquier rigor estadístico, apuestan todas sus fichas a la caprichosa ruleta del género y las acciones afirmativas. Bien saben que, si desde los cielos cae el rayo redentor de la cuota, el requisito sine qua non para cobrar el milagro es haber comprado boleto en la taquilla desde el principio.
Por último, para alimentar el folclor y la comedia de enredos, están los que participan por la pura anécdota. El infaltable Agustín Hernández, auténtico espécimen de la fauna endémica de la queretaneidad, y un tal Mario Mauro Ramírez, ilustre desconocido que muy seguramente enmarcará su constancia de participación para colgarla orgulloso en la sala de su casa, justo al ladito de la vitrina con los vasos tequileros de filito dorado.
“En este burdel de las candidaturas, hasta el eunuco hace fila, rogando que en el reparto de las sobras le dejen, por lo menos, barrer la alcoba del presupuesto”.
Las matemáticas de la ilusión y el padrón de los santos óleos
En el inagotable manantial de la tragicomedia política queretana, siempre hay un rincón de honor para nuestro muy querido Martín Arango, un alma cándida a la que la cruda realidad nacional insiste en rebasar por la derecha, y con el motor desvielado. Mientras el muchacho se rasga las vestiduras con fervor de cruzado, pregonando a los cuatro vientos que juntó la friolera de 45,000 firmas para retirarle el registro a MORENA —un ingenioso procedimiento judicial de su propia e imaginativa invención—, la cruda aritmética de su partido vino a jalarle las orejas.
Resulta que la Secretaria Nacional de Formación y Capacitación del PAN, en su reciente y poco festiva visita al estado, soltó una verdad de esas que huelen a velorio: tras su ultra-super-mega innovadora campaña de relanzamiento con evocaciones rancias y un tufillo casi franquista, el panismo nacional apenas ha logrado rascar 20,000 nuevos afiliados en todo el territorio de la República. Y eso, claro, asumiendo de buena fe que el INE no les meta la tijera por andar pepenando militantes repetidos, ya que, en el libre mercado de la demagogia, el último registro es el que manda.
Con tanto odio acumulado contra la marea guinda, al buen Martincillo habría que sugerirle que use ese rencor para llenar las filas de su propia casa, que buena falta le hace, pues el PAN hoy se encuentra en el vergonzoso último lugar de afiliación nacional, mirando hacia arriba con envidia a membretes de recién nacido cuño como ¡Que siga la democracia!, Somos México, Construyendo Sociedades de Paz o México Tiene vida. Con semejantes números de terapia intensiva, uno comprende por qué el funcionario insiste en repetir, como mantra de náufrago, que el panismo resurgirá desde Querétaro; después de todo, cuando el barco se hunde a nivel milimétrico en el mapa, la única opción que queda es inventarse un oasis en el desierto y rezar para que los feligreses locales no sepan contar.
“Prometer cuarenta y cinco mil cabezas ajenas cuando no se tienen ni veinte mil cuerpos propios es el arte supremo de la impotencia partidista: mucha saliva para tan poca pólvora”.
Lenguas Viperinas
Cuentan los que habitan los albañales del poder que, aunque se desliza en la sombra con la envidiable agilidad de los roedores más experimentados en roer el presupuesto, quien realmente manda y da manotazos en la mesa como el mismísimo Felifer, es un sagaz caballero de nombre Julio César Lechuga Martínez. Este singular prócer, por una de esas maravillosas, providenciales y milagrosas coincidencias que el destino reserva exclusivamente para la grilla de nuestro país, resulta ser el afortunado socio de alcoba financiera del mismísimo Gobernador y del flamante presidente de la comisión política del PAN en la virginal y nada sospechosa empresa Servicios de Preprensa Digital. Pero esa, mis pacientes y estimados cómplices de la desdicha cívica, es otra cloaca rebosante que ya nos tocará destapar cuando tengamos a la mano el traje de asbesto.
“Dios los hace, y la impunidad presupuestal los junta para fundar sociedades anónimas”.
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!
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