La nostalgia de los destapes y el fantasma de la ausencia.
Lo único que verdaderamente logró sorprender a este cínico observador en el magno y recetado evento de destapes del Partido Acción Nacional —también conocido como el PAN— fue, francamente, que las unciones no se hicieran al solemne y marcial ritmo de la marcha de Zacatecas, ni que subiera religiosamente un representante de cada sector corporativo para terminar emulando con descaro a los viejos tiempos dorados del Revolucionario Institucional en su apogeo del más puro gobiernismo partidista; pero, a fin de cuentas, olvídelo usted, pues servidor no es más que un incorregible romántico cargado con los más entrañables atavismos de un panismo de humanismo y mística que ya se fue para no volver jamás.
Por otro lado, y aunque seguramente en otras columnas de producción más refinada o sumidas en una profunda y galopante crisis de realidad se esfuercen en minimizar y gastar litros de tinta relatando la ausencia de Luis Bernardo Nava en semejante pachanga blanquiazul, escudándose en el cursi pretexto de que el exalcalde mandó un dizque sentido mensaje en video, la cruda realidad es que la inasistencia del panista más químicamente puro en el aquelarre del PAN, aquí y en la mismísima China, constituye un síntoma político innegable que bajo ninguna circunstancia debe desestimarse; ya haya sido por rabietas personales, por desplantes de la soberbia local o porque simple y sencillamente no se le pegó la regalada gana asistir, es un secreto que el susodicho se llevará directo al sepulcro o a su selecto búnker metropolitano, mientras los operadores que bien conocen las cloacas de la mermelada azul aseguran en voz bajita que todo el numerito del video no fue más que un desesperado control de daños en toda la extensión de la palabra, reflejando fielmente cómo el gobernador Mauricio Kuri y el PAN malabarean con las señales de una sucesión que amenaza con desmoronarse rumbo a la gran batalla electoral de 2027.
“En el reino de las camándulas azules, la lealtad se mide por aplausos de catálogo, pero las ausencias se cobran con intereses de usura.”
El banquete de los ungidos y la boda de la discordia.
Por cierto, le cuento que el pasado sábado se llevaron a cabo dos eventos sociales de esos a los que los simples mortales, sin guaruras ni pedigrí ni nómina estatal, no podemos ni soñar con asistir; puestas en escena que nos dejan cristalinamente claro por qué el expresidente Andrés Manuel López Obrador logró consolidar e instalar con tanta efectividad en el pensamiento gregario ese pegajoso concepto del PRIAN.
Pero eso es mera introducción para lo que se cocinó tras bambalinas: en una mesa a la que los propios contertulios bautizaron sin empacho como la de los “ungidos”, se les vio muy sonrientes y repantigados a Felifer Macías y Agustín Dorantes, atrincherados junto a Martín Arango, sabedores de que al día siguiente se les entregaría el aristocrático título nobiliario de “Coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad” —¡candidatos, pues!—, quienes, amparados en las bondades de una ley confeccionada a su justa medida, harán campaña desde ahora y hasta el 8 de marzo sin despegar un solo segundo el busto de sus jugosos cargos de senador y presidente municipal, exactamente igual que el resto de los ilustres próceres que ostentan y ostentarán el sacrosanto encargo de defensores.
Por otro lado, trascendió que en el fastuoso ágape de la familia Palacios brilló por su ausencia la presencia del gobernador Mauricio Kuri y de su fiel escudero Rogelio Vega; algunos comensales, bien intencionados, pretextaron que prefirieron acudir a la boda de la hija de un entrañable socio, pero los analistas de barandilla y los más informados aseguran que el faltazo se debió a que el jaloneo por las diputaciones locales y federales —perdón, por las “Coordinaciones Distritales”— se puso tan salvaje y sangriento que el horno no estaba para bollos, argumento que cobra absoluta verosimilitud si consideramos que se suponía que también se destapaban el domingo y nomás nos quedaron debiendo el numerito.
“En el bodorrio de la política azul, los invitados de honor prefieren faltar a la fiesta antes de que en el reparto del pastel les toque morder el cuchillo.”
La ilusión del proceso abierto y la simulación de la elección.
Duda más que razonable para cualquiera que tenga dos dedos de frente o que no esté viviendo del presupuesto: hace unas cuantas semanas, las picantes afirmaciones de mi querido Rafa Pinzón en su red social sobre el filtrado acceso que tuvo a misteriosas encuestas desataron una auténtica tormenta de controversia y hasta una maratónica serie de videos sincronizados en un desesperado intento por defender la presunta pureza del proceso de designación de candidato en Acción Nacional; sobre todo luego de que el mismísimo Luis Bernardo Nava cuestionara con evidente molestia la filtración de esos datos salidos de quién sabe qué búnker.
Ante la sacudida, el diligente Martín Arango salió presuroso a las barandillas a jurar que las “encuestas seguían levantándose”, para luego enredarse en su propio engrudo discursivo matizando que no solo eran simples encuestas, sino también sofisticados focus groups que presuntamente se venían realizando desde el lejano mes de enero. Entonces, la pregunta obligada para esta incrédula columna es: ¿cómo diablos se dio en realidad la famosa designación? ¿Acaso algún mortal vio, tocó o tuvo en sus manos la sacrosanta convocatoria partidista? ¿O es que simple y sencillamente la decisión ya estaba tomada desde el día uno y todos estos malabares cuantitativos no fueron más que una vulgar simulación para ganar tiempo mientras le doraban la píldora a la militancia?
“En la democracia de la cargada azul, la convocatoria es un mito urbano, las encuestas son un traje a la medida y el ‘proceso democrático’ no es más que el tiempo que tardan en secarse las firmas del acuerdo que se pactó en lo oscurito.”
El espejismo de la salida de Taddei y la amenaza de Humphrey.
Por cierto, si servidor fuera un abnegado y militante panista, francamente no estaría festinando con tantas matracas y serpentinas la inminente salida de Guadalupe Taddei del Instituto Nacional Electoral —el INE—; pues en el ajedrez de la política criolla, ese festejo le abriría de par en par las puertas del Consejo General a Carla Humphrey, una de las voces más ferozmente críticas contra la actual presidenta por la escandalosa concentración de poder y la palmaria falta de transparencia en nombramientos y contrataciones. Semejante historial de reclamos la posiciona en automático como la candidata natural de los sectores más duros e institucionales dentro del propio organismo, por lo que el remedio blanquiazul terminaría saliendo infinitamente más caro que la enfermedad.
“En la fiesta del ingenuo, aplaudir la caída del verdugo de hoy solo garantiza la llegada del verdugo de mañana con el hacha mejor afilada.”
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean!



Comentarios