¿Por qué sentimos ganas de patear una piedra? La UNAM tiene una explicación
Patear una piedra mientras caminamos puede parecer un acto automático o una simple distracción, pero detrás de ese impulso existe una explicación relacionada con la evolución del movimiento humano y los mecanismos que utiliza el cerebro para coordinar el cuerpo.
Así lo explicó Víctor Manuel Rodríguez Molina, académico del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien señaló que la necesidad de empujar, lanzar o patear objetos forma parte de comportamientos lúdicos que anteceden a los deportes modernos.
“A veces, al caminar, cuando miramos una piedra en el suelo sentimos la necesidad de patearla”, comentó el especialista. Esa acción, añadió, puede entenderse como una forma de poner a prueba nuestras capacidades motoras y de obtener satisfacción a partir del movimiento.
El origen de una conducta cotidiana
De acuerdo con Rodríguez Molina, actividades como lanzar una pelota, patear un balón o impulsar un objeto tienen su origen en acciones que los seres humanos realizaban mucho antes de la existencia de deportes organizados como el futbol, el béisbol o el básquetbol.
Estas conductas están vinculadas con el sistema de control motor, encargado de coordinar los movimientos del cuerpo mediante redes neuronales que activan distintos grupos musculares.
Cuando una persona patea una piedra o un balón no solo mueve una pierna. También intervienen mecanismos relacionados con el equilibrio, la percepción espacial, la coordinación y la capacidad de anticipar movimientos.
El cerebro y el equilibrio entran en juego
El académico explicó que el cerebro cuenta con neuronas especializadas que controlan músculos específicos en brazos, piernas, espalda y otras partes del cuerpo.
Al realizar movimientos complejos, como levantar una pierna y golpear un objeto sin perder estabilidad, el organismo pone en funcionamiento múltiples sistemas de coordinación.
Además, estas habilidades pueden desarrollarse y perfeccionarse mediante la práctica constante, como ocurre con deportistas de alto rendimiento.
“Puedo impulsarme, levantar la pierna, moverla en el aire y golpear con fuerza sin caerme”, ejemplificó el investigador al describir la participación del equilibrio dentro del control motor.
La complejidad detrás de una chilena
Para ilustrar el nivel de sofisticación que puede alcanzar el movimiento humano, Rodríguez Molina recordó el caso del exfutbolista mexicano Hugo Sánchez, conocido por sus remates de chilena.
Según explicó, este tipo de jugadas requieren procesar en fracciones de segundo la trayectoria, velocidad y fuerza del balón, además de coordinar el movimiento completo del cuerpo y anticipar el momento exacto del contacto.
La dificultad es tal que incluso jugadores especializados fallan con frecuencia este tipo de ejecuciones.
El investigador señaló que una chilena combina visión, equilibrio, coordinación y anticipación motriz, por lo que representa una de las expresiones más complejas del control motor humano.
Más allá del futbol profesional, acciones tan cotidianas como patear una piedra en la calle muestran cómo el cerebro y el cuerpo trabajan constantemente para explorar, aprender y perfeccionar el movimiento.




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