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La Carpeta Verde

La infantería en la era de los robots ¿sigue siendo la reina de las armas?

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En algún punto del frente este en la zona de guerra ucraniana, una posición rusa cayó sin que un solo soldado defensor cruzara la línea de combate. En vez de un asalto de infantería convencional, aparecieron drones y robots terrestres tomando lo que antes costaba vidas. Por primera vez en la historia de este conflicto —al menos en los dichos de Volodímir Zelenski—, un terreno ocupado por el invasor fue recuperado exclusivamente por máquinas.

Este suceso se comunicó en el marco del Día Nacional de la Industria de Defensa (13 de abril del 2026) por el presidente de Ucrania en un video de poco más de 10 minutos impecablemente producido, al puro estilo de un performance con tomas cuidadas, escenografía detallada y música especial para ensalzar el dramatismo heroico. 

Y aunque el hito puede estar manipulado por la estrategia propagandística de Zelenski, pues no compartió cuándo ocurrió la operación, ni en qué ciudad, y mucho menos especificó si el punto tomado fue una simple trinchera o un bastión neurálgico, además de que la narrativa encaja con otros contenidos anteriores (como cuando en octubre 2022 se anunció el derribo de drones enemigos del modelo iraní Shahed, incluso mostrando piezas destruidas), la realidad del futuro se asoma con un dato: las fuerzas ucranianas han emprendido más de 22,000 misiones robóticas en tres meses en un claro esfuerzo sistemático por intentar desplazar al soldado humano del primer escalón de combate.

Zelenski dando su anuncio en el Día Nacional de la Industria de Defensa

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Esta tecnología ofensiva no tripulada incorporada al ejército hace labores de reconocimiento y asalto, despeja minas, corta rutas de abastecimiento, y ya no solo en el aire, sino que también en tierra y mar. Hasta se ha visto en algunos casos como obligan la rendición de soldados atrincherados. Por si fuera poco, la prensa ucraniana ha informado que los nuevos drones creados por la industria de su país ya cuentan con sistemas de inteligencia artificial que incrementan su letalidad y capacidades defensivas.

Ante esta coyuntura hay una pregunta compuesta que invita a la reflexión: ¿la infantería ha dejado de ser la “reina de las armas” y el músculo de los ejércitos? ¿así como un día la caballería tuvo que dejar los caballos para motorizarse, los infantes tendrán que dejar el fusil para tomar joysticks de robots?

Ucrania, Irán y China: tres maneras de sacar al soldado del frente

Parece ser que en el laboratorio bélico actual, no solo representado por la guerra de Ucrania, sino también la ofensiva estadounidense contra Irán y hasta los ejercicios militares chinos, se están desplegando nuevas teorías y formas de guerrear que evolucionarán a los cuerpos infantes.

Lo observado en la más reciente guerra de Estados Unidos —que está cerca de cumplir dos meses activa—, es que al menos hasta ahora hay una ausencia completa de tropas terrestres, y ni siquiera están siendo contempladas en el guión político, pues el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a finales de marzo que esperan que el conflicto contra la República islámica iraní se resuelva en semanas, no meses, y sin necesidad de apostar soldados. 

Evitando entrar en detalles acerca de si la estrategia estadounidense está siendo efectiva o no, lo cierto es que los enfrentamientos se han sostenido por miles de bombas y misiles que han golpeado severamente a la élite gubernamental y la infraestructura de Irán, rehuyendo el empleo de grandes contingentes de personal militar invadiendo territorio, quizá para no repetir la desastrosa experiencia iraquí de principios de siglo. No cabe duda que la fuerza aérea está siendo la protagonista en esta primera parte de la campaña.

Por otro lado, China expone demostraciones prácticas de su poderío tecnológico bajo una narrativa bélica de defensa consistente. Los medios estatales han transmitido maniobras simuladas con perros robot armados operando en contingentes sincronizados con drones y naves nodrizas, especialmente para casos de combate urbano entre calles, edificios, azoteas y callejones.

En este teatro el soldado de infantería no aparece como tirador principal, sino como un recurso secundario. Pese a que el Ejército Popular de Liberación no está en guerra, quiere evidenciar como peleará —y seguro tendrá tácticas que aún no salen a la luz hasta que haya un evento real—.

Robots de combate terrestre del ejército chino en una simulación de combate

La infantería no ha muerto: se reposiciona

Frente a estas pruebas, la conclusión sencilla sería decretar que ha llegado el fin de la infantería como arma decisiva. Pero el panorama es mucho más complejo como para llegar tan rápido a dicha aseveración. La historia militar nos ha enseñado que hasta el momento ninguna innovación tecnológica ha eliminado al infante de la guerra: más bien lo ha reposicionado.

El valor real no está en tomar una posición, sino mantenerla y controlarla; y para ello aún se seguirá necesitando el recurso del soldado en tierra, con todo el riesgo que eso implica. Claro ejemplo se puede ver en Irán, pues a pesar de que con los bombardeos se ha decapitado a los mandos militares y políticos, el régimen islámico no ha perdido soberanía territorial. Finalmente, existe un ángulo que el entusiasmo tecnológico tiende a omitir: robotizar la guerra es un privilegio caro, y por ende, exclusivo para unos cuantos.

Ucrania puede desplegar capacidad robótica gracias a que cuenta con financiamiento de numerosos aliados occidentales, sin los cuales, difícilmente tendría los éxitos del momento. China lleva años invirtiendo de forma masiva en el desarrollo de sistemas autónomos para modernizar sus fuerzas armadas, sin aún experimentar una economía estresada por una guerra directa. Y Estados Unidos cuenta con el presupuesto, la infraestructura satelital y un despliegue logístico mundial para operar a distancia desde Washington a largo plazo.

En cambio, la mayoría de los ejércitos, incluyendo los latinoamericanos y africanos, seguirán dependiendo en buena medida de sus batallones de infantería como parte de su potencia, tanto para hacerle frente a los actores no estatales antagónicos, como en una hipotética invasión extranjera.

Es seguro que con el tiempo estas fuerzas empezarán amasando una capa de drones comerciales adaptados para operaciones asimétricas pero no sustituyendo en el corto plazo al fusilero en la batalla.

Además hay una paradoja que no se debe ignorar: Rusia y Ucrania, los dos países que han palpado las innovaciones robóticas de guerra más intensas en el último lustro, continúan dedicando enormes empeños en el reclutamiento de civiles para abastecer a sus ejércitos en el frente.

Ambas naciones también echan mano de soldados terrestres externos: mercenarios colombianos, sicarios mexicanos, o tropas del ejército norcoreano. En resumen, por lo pronto los robots reducen bajas pero no eliminan la demanda de soldados de carne y hueso.

Soldados chinos siendo asistidos por un perro robot con fusil integrado para tomar un edificio

Entonces ¿qué queda de la “reina de las armas”?

Es poco probable que la infantería sea relegada, sino más bien pasará a segmentarse y ultra especializarse. En los ejércitos con mayores recursos económicos, las unidades se verán reducidas y compactadas para coordinar enjambres de drones y vehículos terrestres de primer contacto con sistemas de fuego precisos. Su ventaja no estará en el número de fusiles, sino en su capacidad de fuego táctico y su versatilidad tecnológica. Mientras que en los de financiamiento limitado, las transformaciones robóticas llegarán tarde o con adquisiciones de modelos de segunda mano desechados por las grandes potencias.

Una tendencia general a mediano plazo puede ser la proliferación de células de infantería de precisión —evolución de las fuerzas especiales con robots y drones comerciales modificados—, ideales cuando el objetivo es una persona o grupo de individuos y no un territorio. Por ejemplo, en la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado, o bien, la neutralización de líderes políticos hostiles (como lo recién sucedido en Venezuela). 

Evidentemente la “reina de las armas” no ha perdido aún su corona, pero en los grandes conflictos, su protagonismo ha quedado desplazado. El problema queda abierto para los estrategas de defensa en cuanto a la flexibilidad de sus presupuestos y la adaptabilidad de las innovaciones tecnológicas que en los institutos armados logren permear, pues esta ventaja en el teatro de la guerra hoy solo algunos la pueden sostener y, definitivamente, marcará las posibilidades de salir airoso en una confrontación bélica.

Notas al calce en esta carpeta

Estimaciones calculan que los elementos terrestres representan el 85% del total en el ejército mexicano, esto sin considerar a la Guardia Nacional por su naturaleza en la seguridad pública.

SEDENA y SEMAR han encaminado proyectos para la fabricación de drones en la industria militar con fines de vigilancia y seguridad pública; los primeros desarrollan el modelo Holkan en conjunto con la Universidad Aeronáutica en Querétaro (UNAQ), mientras que en la marina trabajan en el sistema SPARTAAM y han adquirido recientemente aeronaves no tripuladas.

Hasta el día de hoy, las células de combate especializado del crimen organizado no han aparecido con perros robot o vehículos terrestres UGV, pero al ritmo en como estas entidades se adelantan a las innovaciones tecnológicas frente al Estado, no sería descabellado que logren una incorporación eficiente antes que las fuerzas armadas.

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